Homenaje del IMFC al Día Internacional de la Mujer
OTRO MUNDO ES NECESARIO
La consagración de un día del año para dedicárselo especialmente a la Mujer, así, con mayúscula, porque es para todas y en todo el mundo, es necesario, pero no es suficiente.
Se trata, recordemos, de mantener viva la memoria de aquellas trabajadoras que fueron brutalmente inmoladas por el fuego asesino de sus patrones, insensibles y despiadados ante el reclamo de mejores condiciones laborales. Un hecho espantoso puntual, pero representativo de una cultura que privilegiaba –lo sigue haciendo– la máxima ganancia por encima del derecho a una existencia digna de los seres humanos.
Como toda efeméride, la conmemoración hace referencia a un momento de la historia, a un hecho emblemático. Pero también tiene un significado profundo y permanente, porque la lucha de las mujeres junto con los varones por el respeto a la diversidad, a vivir en paz, a gozar con sus cuerpos y desplegar todas las potencialidades de su condición humana continúa a través del tiempo.
Es una lucha reivindicativa incesante que abarca tanto las demandas económicas (igual salario por igual trabajo), los derechos civiles, el acceso a los avances de la ciencia y la tecnología, a la vivienda, la salud y la educación. Pero sobre todo, a los cambios culturales que terminen definitivamente con la discriminación, la explotación y todo tipo de abusos.
Los hechos conmovedores de la violencia doméstica, la inmoralidad de la trata de personas y cualquier otra forma de sometimiento forman parte de una cultura derivada de un sistema perverso, donde las personas son convertidas en mercancías y están subordinadas a quienes detentan el poder. Porque de eso se trata: el poder para lucrar, para ejercer la dominación, para utilizar a la otra o al otro porque es más débil, al desposeído, al que se supone que es frágil por su condición física o por su condición sexual.
En fin, en pleno Siglo XXI persisten las rémoras de la historia porque continúa vigente ese sistema que a lo largo de los siglos acumuló riquezas en pocas manos y multiplicó –y sigue haciéndolo– pobreza y exclusión social.
No está mal que en el Día de la Mujer se rindan homenajes, se hagan discursos floridos y se distinga a la mujeres por sus méritos académicos, políticos o simplemente porque son las esposas, hijas o compañeras de trabajo. Está muy bien y sería bueno que esos gestos amorosos se repitan a lo largo de todo el año.
Pero la cuestión de fondo, hay que subrayarlo, es contribuir entra todas y todos a la construcción de una sociedad que conjugue cotidianamente el verbo respetar. En eso, tan simple y a la vez tan inmensamente importante radica la esencia de esta celebración.
En otras palabras y tal como se ha dicho recientemente ante el escenario de la profunda crisis civilizatoria contemporánea, ya no es suficiente proclamar que otro mundo es posible. Hoy crece el clamor de que otro mundo es necesario, donde haya un lugar digno para las mujeres y los varones, los niños y los adultos mayores. Porque cada ser humano es único, irrepetible e indispensable.
Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos
Buenos Aires, 8 de Marzo de 2012.
